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domingo, 12 de enero de 2020

Frédéric Dard: Le monte-charge


En tanto que novela inequívocamente adscrita al género criminal, la mayor particularidad de Le monte-charge (traducción española en Siruela), aquello que la vuelve curiosa y digna de estima, es de naturaleza (no tanto temática, cuanto) estilística: estriba en la capacidad que en ella manifiesta la voz narrativa para hacer transitar al/la lector(a), imperceptiblemente, de una focalización que, en el inicio de la narración, resulta principalmente interna a una posición, al final del relato, en la que, aunque sigamos ligados a la perspectiva en primera persona del personaje protagonista, nos vemos forzados a observar ahora ya a dicha voz y a dicho personaje con una perspectiva que posee fundamentalmente una focalización externa, observacional.

En efecto, la novela comienza como un característico relato de experiencias y emociones: un ex convicto, de pasado tortuoso, regresa a la ciudad y a los lugares de su biografía e intenta volver a hacerse, emocionalmente, con ellos. Y, sin embargo, lo que parecería ser, en principio, una experiencia de naturaleza eminentemente subjetiva, se va revelando, en cambio, a medida que la historia progresa, más bien como una experiencia (¡eminentemente objetiva!) de manipulación y engaño, a la que el protagonista se ve arrastrado. Así, el estilo introspectivo característico de cierta novela criminal hard-boiled se va transformando, a lo largo de la narración, en otra forma de historiar lo ocurrido, más propia de ese otro subgénero de la narración criminal que es el whodunit...

De este modo, lo llamativo de Le monte-charge es la capacidad del relato para hacer que nuestro punto de vista como lector@s se vea atrapado exactamente en la misma situación en la que se halla la perspectiva del protagonista: creemos estar contemplando una historia de experiencias subjetivas compartidas, cuando en realidad acabamos por descubrir -junto con el protagonista- que la subjetividad no es más que un pretexto, un trampantojo: que todo va más bien de poder y de liberación; de crimen y de muerte, en suma, y sobre quién va a asumir las culpas de lo ocurrido.

¿No es así como suceden las cosas siempre, en realidad (aunque tantas veces optemos por cerrar los ojos e ignorarlo)?


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