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domingo, 12 de abril de 2015

Inherent vice: la novela (Thomas Pynchon, 2009) y la película (Paul Thomas Anderson, 2014)


1. La novela

Cuenta Thomas Pynchon (la novela está traducida al castellano por Tusquets, 2011) que, de acuerdo con el Derecho marítimo, la regla general de que el transportista responde por la integridad de las mercancías transportadas cede, como excepción, cuando las mercancías en cuestión adolecen de un "vicio inherente", esto es, es una mercancía ya dañada en origen.

Este dato le sirve como base para la metáfora que pretende construir: una metáfora acerca del modo en que el sueño de liberación (política, sexual, de costumbres, existencial) experimentado, en los años sesenta del pasado siglo, por un amplio sector de toda la joven generación quedó pervertido, al verse atravesado y dominado por los valores (de la apropiación, de la posesión, del lucro y del ascenso social) predominantes en la cultura del capitalismo, que les fueron ofrecidos como trasunto -corrompido- de la libertad que ansiaban y que una parte importante de ell@s adoptaron como propios.

Inherent vice, la novela, narra, pues, la historia de un fracaso: de un fracaso generacional. Para ello, para retratar el medio social en el que dicho fracaso se ha, ya, fraguado, emplea un recurso literario harto conocido (al menos, desde Virgilio, pero posteriormente fue explotado ampliamente en la tradición narrativa occidental), cual es el de tomar por personaje protagonista a un viajero, que va recorriendo todo el paisaje social que se pretende describir, y con sus ojos -los ojos de un extraño- describiéndonos a nosotr@s, lector@s, las características más prominentes del mismo. En una de las versiones modernas de la técnica, la que introdujo Dashiell Hammett y se ha consolidado luego en la tradición de la novela criminal: la del detective privado. El detective privado es, en efecto, un viajero. Pero lo peculiar en él es que se trata de un viajero que transita por su propio medio social, descubriéndolo con nuevos ojos: descubriendo (y haciendo descubrir también a l@s lector@s) que lo que parecía conocido en realidad no lo era, que existen mundos ocultos (y corruptos) dentro del universo social que habitamos y creemos conocer. (Se trata, pues, de una radicalización ulterior en relación con la técnica empleada por primera vez, con semejante finalidad crítica, en las Lettres persanes de Montesquieu y en otras obras semejantes de la literatura crítica dieciochesca: mientras que el viajero de la obra de Montesquieu era un extranjero, en la novela criminal se produce un evidente avance en radicalidad, ya que quien siente la extrañeza ante la sociedad que describe es, ahora, uno de nosotros. El sentimiento de extrañamiento se vuelve, por ello, más radical.)

"Doc" Sportello es el personaje que, en Inherent vice, nos conduce y nos hace contemplar esa corrupción que se ha apoderado ya, en el momento de los hechos (aunque no se especifica, se supone, por los datos contextuales aportados, que se trata de 1970), de las fantasías de liberación de los años sesenta. Y nos conduce a través de un medio social en el que los antiguos hippies se han dividido en dos grupos: aquellos que han decidido subirse al carro del ascenso social y convertirse en l@s nuev@s burgues@s, o en l@s sierv@s de l@s burgues@s, liberad@s, eso sí, de cualquier complejo o limitación ética que pudiese limitar a la vieja burguesía; o bien aquellos otros que han decidido refugiarse en un hedonismo limitado e impotente (ya saben: sexo, drogas, indolencia,..).

Inherent vice es, así, una suerte de novela criminal. Y, en tanto que tal, es también una novela social, Pero también, al tiempo, una cierta parodia de tales géneros. La trama, en efecto, transcurre a lo largo de toda una serie de crímenes e intrigas, centradas todas ellas en torno a dos ansias: poseer (más) y obtener (más) placer. En medio de un ambiente social -la California del final del ensueño hippy- que todavía sigue proclamando (ya de forma tan sólo retórica, engañosa: el momento en el que se está convirtiendo en un recurso publicitario más) que lo suyo es una alternativa al sistema social previamente existente. Pero en la que, paradójicamente (o no), tan sólo un detective fumado y un policía poco recomendable, pero cultivador aún de la vieja ética del compañerismo/ corporativismo policial, son capaces de mantener su integridad.

Al cabo, la travesía de Sportello es ante todo la travesía de un agente impotente: incapaz de cambiar nada significativo en la trama de corrupción, poder, dinero y amoralidad por la que se mueven todos los personajes, a los que conoce (porque formaban parte del ambiente de la pretendida "liberación") y que le piden su ayuda. Su ambigüedad como personaje (alguien que no se ha unido al carro de los arribistas, que tampoco ha renunciado por completo a la ambición de actuar para cambiar las cosas) nos permite comprender claramente que la aspiración de la liberación -ese seguir en la brecha que parece animar su actitud- está abocada ya, definitivamente, a la derrota. Porque sus portadores son, ahora, ya mercancías averiadas (precisamente, por sus "vicios inherentes"), que no pueden ser salvadas.

En este sentido, el hecho de que el estilo de escritura de Pynchon en la novela intente remedar el lenguaje algo inarticulado propio del consumidor habitual de marihuana y ocasional de drogas lisérgicas sirve ante todo, aparte de para dotar de cierto tono realista al discurso (y también, hay que señalarlo, un tanto paródico), para plasmar en términos lingüísticos muy efectivos esa sensación de descomposición de todo un universo social que, razonablemente, cabe esperar que "Doc" Sportello (poco dado, en la novela, a la introversión y a la explicación de sus emociones y pensamientos más íntimos) podría estar experimentando, y hacérsela llegar, con toda su desazón, al(a) lector(a).


2. La película

¿Qué es lo que aporta la adaptación cinematográfica de Paul Thomas Anderson a lo narrado ya en la novela de Thomas Pynchon? Aparte de eliminar algunas ramas de la trama criminal de la novela, con el fin de simplificar algo la historia, la película que ha dirigido Anderson lleva a cabo tres operaciones adicionales, que alteran, de forma ligera, pero, según creo, harto significativa, la narración. En primer lugar, introduce la figura de la voz over de una narradora (una hippie anónima, vecina de Sportello) que nos va guiando, haciéndonos asumir una determinada interpretación de lo que, en sí mismo considerado, constituye una trama verdaderamente muy abierta.

Ello nos lleva a la segunda de las operaciones narrativas: a diferencia de la novela, la película de Paul Thomas Anderson se concentra, de manera muy acusada, en la experiencia existencial que para "Doc" Sportello (Joaquin Phoenix) implica el conjunto de investigaciones, descubrimientos y reencuentros a que da lugar la trama de intrigas en las que se ve inmerso. De hecho, podría decirse que Inherent vice, la película (pero no así la novela), es antes que nada la narración de la historia de un miembro, clarividente, del movimiento hippy que, habiendo vivido toda su historia, ahora, en 1970, se va reencontrando con figuras procedentes de su pasado y contemplando su ya completa corrupción. Y la narración de todo el dolor, y también la lucidez, que tal comprobación conllevan, inevitablemente, para el personaje protagonista. La película, pues, cobra así un cariz subjetivista allí donde, en cambio, la novela era principalmente objetivista en su focalización (en ella el personaje principal era, como señalé más arriba, antes un explorador, los ojos del narrador y del/a lector(a) que un personaje verdaderamente profundo).

Por fin, y en consonancia con esta focalización ligeramente distinta de la narración cinematográfica, la película consiste principalmente en una sucesión de diálogos entre dos (o, a lo sumo, tres) personajes, siendo casi siempre Sportello uno de ellos. Diálogos harto confusos en cuanto a su contenido, que parecen querer transmitir más un ambiente moral que una verdadera trama (en este sentido, ha sido señalado el parentesco de este enfoque con el de aquella película del género negro tan peculiar que fue The big sleep -Howard Hawks, 1946). Y diálogos mostrados mediante el recurso a unos planos que en ningún momento se conforman con ser convencionales: planos cerrados, aproximaciones, reencuadres, picados, contrapicados, son todos ellos recursos formales empleados constantemente por el director, generando así una impresión de asfixia: la que Sportello experimenta, a medida que se adentra en los meandros de la corrupción de toda una sociedad, de toda una generación.

El final de la película es, por ello, coherente con el resto de las opciones formales que el director ha adoptado anteriormente: un Sportello derrotado y herido, que mantiene su honradez, pero que es consciente de que el sueño (de liberación) ha acabado. Un final auténticamente trágido, para un personaje que se ha enfrentado al signo de los tiempos, ha sido derrotado por ellos, pero ha sido capaz, pese a todo, de conservarse íntegro.

Se trata de un final que, en sí mismo considerado, es dudoso que resulte fiel al espíritu de la novela que adapta (que, como decía, es mucho más objetivista en su focalización). Y que, sin embargo, constituye una adecuada personificación del mensaje que la novela también quería transmitir. O de cómo, por tanto, es posible manejar diferentes herramientas narrativas para contar (facetas diferentes de) una misma historia.




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