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miércoles, 16 de julio de 2014

Henry James: The golden bowl


The golden bowl es la última novela de Henry James. En ella (con una trama, vulgar en principio, de relaciones familiares, amor, celos y adulterio), destaca sobremanera la particular caracterización de la voz narrativa, así como la llamativa ambigüedad moral que rodea al tratamiento de personajes y de situaciones.

James, en efecto, opta en esta obra por otorgar un neto predominio en la narración a la descripción del flujo de conciencia (stream of consciousness) de los propios personajes. No obstante, aquí (a diferencia de lo que con posterioridad ensayarán autores como James Joyce) dicho flujo de conciencia no es mostrado de modo escuetamente fenomenológico, sino que aparece en todo momento mediado por la voz analítica del narrador, que pone de manifiesto las ambigüedades, contradicciones, similitudes y paradojas de las reflexiones y sentimientos de los personajes, enfrentados a la trama que les envuelve.

Este característico enfoque de la narración sobre lo que podríamos calificar como una "conciencia expandida", por cuanto que no se limita a retratar los estados de conciencia de los personajes (lo que, en todo caso, sería también una construcción literaria, y no un puro reflejo de la realidad psíquica de los seres humanos), sino a "ampliarlos", poniendo de manifiesto -a través de la intervención del narrador- su significación, interpretaciones posibles y conexiones con la realidad externa, aproxima ya enormemente The golden bowl (y, en general, los descubrimientos en materia de técnica narrativa de las últimas novelas y relatos de Henry James) al estilo de un William Faulkner, de quien se constituye en auténtico predecesor (en uno de ellos) en este sentido.

Pero, por supuesto (y como ocurre siempre en la gran literatura), las innovaciones técnicas de la novela están puestas en todo momento al servicio de la narración. Y es que ese recurso narrativo que he caracterizado como la "descripción de la conciencia expandida" de los personajes (especialmente, de Maggie, la protagonista, a través de la cual se lleva a cabo la aproximación a la del resto de los personajes principales), servida a través de una prosa que emplea frases extremadamente largas y gramaticalmente complejas, permite principalmente poner de manifiesto algo que la mera descripción de los hechos externos (pero tampoco una descripción más esquemática del flujo de conciencia de los personajes) no haría posible comprender: la característica personalidad (moral, sobre todo, aunque no sólo) de los personajes; y también la evolución de dicha personalidad (que, a lo largo de la narración, no es estática).

Es en este sentido en el que creo que James logra la maestría, al expresar de un modo difícilmente alcanzable mediante recursos que no fuesen los artísticos, que sus personajes resultan ser, desde el punto de vista moral, esencialmente ambiguos. Porque, en efecto, ni Maggie ni su padre, el Sr. Verver, aparentes víctimas del adulterio de sus respectivos cónyuges, parecen tan inocentes como podría presumirse, en una visión tópica de la trama. Ni, desde luego, resulta moralmente irreprochable la resolución que el conflicto suscitado obtiene, gracias a las maniobras de Maggie y -sobre todo- a las desiguales relaciones de poder existentes dentro de las dos parejas, y en la familia Verver en general (la mujer sometida al varón... salvo si el varón es más pobre que la mujer, en cuyo caso la situación se invierte).

De este modo, la narración de James (sin decirlo, por supuesto, en ningún momento -no nos hallamos ante ninguna manifestación vulgar de "literatura social", esquemática y manifiestamente discursiva) viene a poner de manifiesto cuanto de ambivalente hay siempre en la interacción humana. Y cómo la categorías morales se revelan (necesarias, sí, pero) insuficientes para albergar una interpretación omnicomprensiva de tales interacciones, que precisan de una mayor amplitud de miras: las emociones, los deseos, los miedos, también han de formar parte ineludible de cualquier interpretación relevante que se precie.

En otro orden de cosas, desde un punto de vista evolutivo, la narración de The golden bowl podría ser contemplada (así lo han señalado, por ejemplo, autoras como Martha C. Nussbaum) como el relato de la adquisición de la madurez, emocional y moral, por parte de sus personajes; y, especialmente, por parte de Maggie, la protagonista. Puesto que lo que la novela cuenta en realidad es el modo en que cuatro personas solitarias y (pese a pertenecer a las clases acomodadas) no integradas socialmente tanto como recomendarían las convenciones dominantes de la época llegan a constituir una familia "normal", con dos parejas "estables". Y cómo, para ello, han de renunciar a muchas de sus veleidades y deseos, adquiriendo "responsabilidad".

Ciertamente, se puede dar a este relato un sentido ejemplarizante (así lo hace Nussbaum, por ejemplo). Podría también, no obstante, ser interpretado como una historia de represión, de poder y de frustración. O es posible, en fin (y pienso que James más bien optaría -como yo mismo- por esta última interpretación), pensarlo más bien como una perfecta expresión de las ambivalencias y paradojas que la "madurez" y la integración social siempre conllevan. (Ambivalencias y paradojas sobre las que, luego, cuando hemos de hablar de ello, nosotr@s elaboramos alambicadas teorías unificadoras,que fingen abolir las dificultades. Mas esa -la de nuestra incapacidad para afrontar habitualmente la complejidad de lo real, la de nuestra tendencia al autoengaño- es ya otra historia.)


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