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lunes, 23 de octubre de 2017

Philip K. Dick: Do androids dream of electric sheep?


Se dice, se ha dicho siempre, que lo más específico de la especie humana, que es su naturaleza y potencia cultural (su capacidad para crear artificios simbólicos, que le sirven tanto para acumular y transmitir información, como para dotarse de orientación en la praxis), se deriva de la extraordinaria -cuando menos, desde un punto de vista cuantitativo- potencia de su mente. En efecto, en términos comparativos, la mente humana posee unas aptitudes que, globalmente consideradas (aunque no necesariamente vistas una por una) exceden de lejos de las capacidades de cualquier otra mente del reino animal...

...y, sin embargo, de siempre se ha sabido también (y los estudios científicos contemporáneos lo confirman) que esa potencia extraordinaria resulta ser también, a veces, una trampa: un producto evolutivo que, sin embargo, no siempre resulta adaptativo, en todas y cada una de las ocasiones.

Así, en concreto, la capacidad humana para el pensamiento abstracto, que generalmente constituye una ventaja evolutiva, a veces deja de serlo: cuando el análisis abstractivo de la realidad pierde de vista aspectos de la misma más difíciles de formalizar. Y, del mismo modo, la extraordinaria riqueza emocional de la mente humana, que muchas veces nos permite improvisar reacciones adaptativas, deja de ser una ventaja cuando, en casos concretos, las emociones nublan la capacidad de racionamiento y conducen a decisiones notoriamente erróneas.

Estos dilemas, sobre las ambivalentes funciones que cumplen tanto la racionalidad como las emociones en el desenvolvimiento de la mente humana (y de la existencia de sus individuos y grupos, y de la cultura de la especie), aparecen tematizados ampliamente en la novela Do androids dream of electric sheep?. En ella, estos temas aparecen representados a través de los dilemas que ocasiona la delimitación de la condición humana, frente a otras que podrían asemejársele: en el mundo de ficción de la novela, los androides, creados por el ser humano a su servicio, pero que, debido a su gran capacidad racional, amenazan por desdibujar las líneas que separan a la especie humana de otros entes que estén dotados de mentes suficientemente potentes.

En una ambientación post-apocalíptica, todos los personajes de la novela -androides y humanos, al tiempo- se ven forzados a cuestionarse su identidad y la valoración que la misma les merece. Así, los seres humanos observan cómo el equipamiento emocional del que se encuentran dotados, en condiciones de extremada pobreza estimular (como la que existe en el planeta contaminado y mortecino que es la Tierra después de una arrasadora guerra nuclear), devienen mayormente instrumentos de auto-engaño, que propician las decisiones insensatas y suicidas. Por su parte, no obstante, también los androides se ven enfrentados a su propia némesis: una potentísima capacidad de procesamiento de información y de razonamiento, sin la regulación derivada de las emociones, se convierte asimismo en fuente de toda suerte de errores de percepción y de decisión, cuando de actuar para sobrevivir se trata.

Al cabo, todos los personajes ven, a causa de las limitaciones de sus mentes, frustradas sus expectativas y sus deseos. Cada uno de ellos habrá seguido hasta el final lo que constituye su naturaleza más íntima. Y, debido a ello, habrá visto fracasadas sus ansias, puesta en cuestión su identidad y su propia imagen... y, en el límite, habrá fenecido. Sin que, en realidad, exista ningún remedio para tamaño cúmulo generalizado de catástrofes individuales. Pues, de hecho, dichas catástrofes estaban predeterminadas desde un inicio, por la propia naturaleza de seres humanos y de androides.

Una parábola desesperanzada, pues, aunque dotada de firmes fundamentos científicos y antropológicos. (Resulta llamativo, al respecto, el giro notabilísimo que los guionistas de Blade runner -Ridley Scott, 1982-, la película que se inspiró en esta novela, dan a la historia narrada: en Blade runner, la película, son exclusivamente los androides quienes aspiran a la condición de humanos, mientras que estos apenas se cuestionan la bondad de su condición. Una historia, desde luego, mucho menos interesante, por menos ambivalente y menos capaz de inquietarnos...)


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