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jueves, 21 de julio de 2016

Henry James: The Bostonians


The Bostonians (hay traducciones castellanas en Penguin y en Random House) es una novela que, de manera ostensible (y también algo estentórea), se presenta como una sátira y una feroz diatriba: sexista, heterosexista, anti-feminista, clasista, conservadora, contraria a cualquier aspiración (¿ilusión?) de ingeniería y de reforma social dirigidas, así como a toda pretensión de emancipación, y aun de empoderamiento, del sujeto dominado. Con una trama y unos personajes que evidentemente han sido construidos con la finalidad principal de dar cumplida ilustración del apólogo político que se intentaba comunicar. (Además, desde una perspectiva exclusivamente histórica y norteamericana, también se trata de una representación apenas velada de las tensiones entre el Norte y el Sur del país en las décadas posteriores a su guerra de secesión. Dejaremos, no obstante, aquí esta cuestión sin tratar, puesto que resulta secundaria en su significación, y mucho menos interesante para nosotr@s hoy.)

En resumidas cuentas, nos hallamos, por lo tanto, ante una obra que, en una primera aproximación, se presenta primordialmente como una novela de tesis: y, en tanto que tal, ante todo como manifestación de las ansiedades conservadoras, de un grupo social (varones de clase acomodada, como el propio Henry James) que observaban cómo en aquellos momentos por primera vez (la novela está escrita y publicada durante los primeros años de la década de los ochenta del siglo XIX) se ponía en cuestión de manera significativa (aunque todavía de un modo incipiente y limitado) la asignación de roles de género dentro de las sociedades occidentales.

Si todo fuera así, y solamente así, entonces The Bostonians poseería, hoy en día, ya tan sólo un interés sintomático (histórico) y filológico: como una muestra más de tantos textos del pasado -artísticos y no artísticos- que actualmente nos sirven para conocer cómo pensaban y sentían nuestros antepasados, pero que, sin embargo, apenas poseen relevancia actual.

No obstante, lo cierto es que, independientemente de cuál resultase ser la voluntad efectiva del autor (y sin negar en absoluto ese carácter primordial de novela de tesis, conservadora, de la obra), actualmente es posible -y, según creo, también conveniente- leer y releer The Bostonians con la mente alerta. Pues en realidad, pese a sus (para nosotr@s) deslustrados orígenes, mantiene aún hoy facetas que han de seguir reclamando nuestra atención.

En particular, dos. La primera -la más obvia- es la faceta formal: la férrea voluntad de estilo de Henry James, que en este caso se manifiesta principalmente en su capacidad para manipular la voz narrativa. En efecto, The Bostonians está narrada por un narrador que es, desde luego (tal y como como solían serlo todos los de la novelística europea del siglo XIX), omnisciente, pero que también es juguetón... a tono -cuando menos, en parte- con la evidente voluntad irónica con la que se acomete la presentación de todos los personajes y de sus pensamientos y emociones. Un narrador que se hace presente de modo explícito en numerosas ocasiones (mediante reticencias, juegos de palabras, confesiones de impotencia, irónicas negativas a proporcionar al/la lector(a) toda la información a su disposición, etc.) quebrando así la usual ilusión de naturalidad de la narración y mostrando el artificio retórico subyacente. Que manipula, pues, abiertamente la narración, forzándonos así a tomar conciencia de su papel, y de su poder. Y a plantearnos, siquiera sea de un modo apenas consciente, la posibilidad de que ese narrador nos esté mintiendo o esté presentando los acontecimientos y personajes propios de la diégesis de un modo infiel. Que su ironía no constituya un modo adecuado de representación del universo evocado por la narración.

La forma, en suma, contribuye a relativizar el fondo temático de la novela. Y abre, así, la posibilidad de que quepa poner en cuestión el realismo o la verosimilitud del mismo. Porque, de hecho, ocurre que, en tanto que posibilidades estilísticas, la novela de tesis (entendida en su sentido más clásico) y el modernismo estético (que Henry James viene a iniciar y a promover en su obra narrativa) tienden a repudiarse recíprocamente, por mor de sus distintas maneras (respectivamente: acrítica y problemática) de relacionarse con el problema del realismo.

Pero es que, en segundo lugar, sucede que, más aún, también el fondo temático y argumental de la novela sigue resultando hoy (a pesar de sus intenciones satíricas y críticas originales, eminentemente conservadoras) relevante. Pues en pocos lugares como en The Bostonians será posible aproximarse a una representación tan lúcida de las muy conflictivas interrelaciones entre ideología, cuerpo y poder.

Piénsese, en efecto, que el argumento de la novela se centra en último extremo en desarrollar la lucha entre dos personajes (Olive Chancellor y Basil Ramson), cada uno de ellos adalid de una causa, por mantener bajo su poder al tercer personaje protagonista, Verena Tarrant, y por arrebatar dicho poder al otro. Y que dicha lucha tiene lugar esencialmente de un único modo: empleando el lenguaje para convencer a Verena de a quién debe adhesión y obediencia y a quién no. Ahora bien, es obvio que -como nos revelan los estudios sociolingüísticos- emplear el lenguaje es un fenómeno que, desde luego, jamás transcurre en el vacío, sino que sucede siempre dentro de un determinado marco social. En este caso, tanto Olive como Basil recurren a la explotación de todos los recursos (connotativos) que dichos marcos sociales les proporcionan, para dotar de fuerza de convicción a sus palabras y a sus argumentos: la amistad y la "solidaridad femenina", y la causa de la la igualdad y de la emancipación, en el caso de Olive; la mitología del amor romántico, la ideología de la caballerosidad masculina y la fascinación por la normalidad y por el ascenso social, en el caso de Basil.

La cuestión clave, que la novela representa a la perfección, es, precisamente, que no existe un solo marco social para la práctica del lenguaje como forma de poder (simbólico), sino (en situaciones de conflicto social abierto, como el que en la obra se describe) varios, que compiten entre sí. (Tendiendo, naturalmente, a preponderar -como ocurre en la novela- aquel uso del lenguaje que esté vinculado al marco social más poderoso, hegemónico, de entre los que entran en conflicto.)

Y, lo que es todavía más interesante, The Bostonians ilustra igualmente a la perfección la manera en la que las ideas (y, en suma, los discursos lingüísticos) se vuelven mecanismos de poder: a través de su capacidad para penetrar en las mentes de los sujetos dominados, alterando la estructura de su motivación. Y, de este modo (a través de la mente y de la motivación de l@s dominad@s), adquirir control sobre sus cuerpos.

Porque, en última instancia, Olive y Basil pelean por el control del cuerpo de Verena: por determinar quién tiene acceso -en exclusiva- a él. Para dirigirlo, ubicarlo, hacerle hablar y moverse de una determinada manera y con ciertos efectos. Para follarlo. Para mostrarlo ante los demás como propio. Tales son los caminos por los que transitan las relaciones de poder, y de dominación.

De este modo, y de un modo aparentemente paradójico (aunque no tanto: es la virtud y la potencialidad de las mejores obras de arte, cualesquiera que sean las intenciones con las que hayan sido creadas), una novela que, como The Bostonians, pretendía aparecer como una diatriba anti-feminista, acaba, sin embargo, por constituirse en una magnífica y lúcida representación de los mecanismos de la dominación, y de los conflictos políticos en torno a la misma, en el terreno de la intimidad: justamente, pues, aquello sobre lo que el análisis crítico feminista a puesto su particular atención y ha producido algunos de sus más incisivas y pertinentes aportaciones.

Una novela, pues, que en el fondo resulta por todo ello tan feminista avant la lettre, aun en contra de las intenciones evidentes de su autor: así resultan los misterios de la literariedad...


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