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jueves, 4 de mayo de 2017

Show me a hero (Paul Haggis, 2015): contingencia, política e (in-)justicia


Show me a hero versa sobre la historia de una comunidad enfrentada a su propio racismo estructural: al hecho de que sus prácticas de interacción social  (y la ideología concomitante) vienen siendo consistentemente discriminatorias y marginadoras. De cómo una resolución judicial (una decisión exterior, pues, a la comunidad, pero que se le impone coactivamente, por la fuerza del Derecho) viene a poner de manifiesto la existencia de una injusticia estructural de larga data. Y narra las reacciones diversas que ante esta situación tienen lugar en su seno.

Como es habitual en los guiones que elabora David Simon, la técnica narrativa a la que se recurre para intentar narrar esta historia es la de las tramas entrecruzadas, en la esperanza de que, de este modo, sea posible presentar un retrato amplio, pretendidamente global, de la comunidad, en sus diversas capas sociales, etnias y posicionamientos ideológicos. Por lo demás, tampoco se renuncia (como es usual en la narrativa audiovisual comercial) a concentrar la atención muy primordialmente en determinados personajes protagonistas (y que se presumen representativos), cuya evolución psicológica es explorada por la narración.

De hecho, la serie únicamente funciona en realidad como retrato de un "héroe por accidente": ese Nick Wasicsko (Oscar Isaac), ambicioso y joven político, que llega a alcalde gracias a la demagogia que es capaz de agitar entre el electorado blanco, pero que, forzado por las circunstancias, se halla en la situación de ser él quien -contra todo pronóstico- acabe con la segregación racial urbana en Yonkers. Un héroe, pues, casual, carente de convicciones firmes; un oportunista, en el lugar acertado, en el momento oportuno. Alguien que, sin embargo, será incapaz -y ésta será su tragedia- de extraer el suficiente rédito político de su logro, a causa de su falta de vinculación con los movimientos sociales más progresistas y con los sectores sociales marginados, a los que su política ha acabado por beneficiar.

En el fondo, entonces, lo que narra Show me a hero es fundamentalmente el papel tan relevante que la "fortuna" (por emplear el término propio de Niccolò Machiavelli), que el azar y la contingencia poseen siempre en la acción política y en sus consecuencias. O cómo las consecuencias no intencionadas de la acción gubernamental resultan casi siempre decisivas, en la valoración final de las medidas adoptadas. Y por qué, entonces, la acción política resulta siempre (no sólo necesariamente contingente, sino también, además) transida de injusticia: apenas puede esperarse, en efecto, que se reconozcan adecuadamente méritos o deméritos a quienes son responsables de una actuación política; tan sólo cabe esperar que los mismos se valoren muy principalmente en atención a sus efectos.

La política, pues, como herramienta de gestión de la contingencia. (Y el Derecho, como instrumento -que se pretende- corrector de la injusticia en la atribución de responsabilidades por la acción política y por sus consecuencias. Siempre, claro está, que el Derecho no sea pura política, sino que esté atravesado además, en la medida suficiente, por los valores morales -también por la racionalidad instrumental- que deberían dominarlo...)




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