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jueves, 8 de diciembre de 2016

Berberian Sound Studio (Peter Strickland, 2012)


Berberian Sound Studio puede ser vista, me parece, de dos maneras diferentes, según cuáles seas las expectativas genéricas que cada espectador(a) albergue; esto es, dependiendo de cómo espera que la película se inserte en alguna tradición cinematográfica.

Cabe, en efecto, en primer lugar recibirla como un nuevo ejemplar de cine fantástico. En tal sentido, habrá que indicar que su valor principal estribaría en una amable combinación de renovación temática -un tanto relativa- y homenaje transtextual. Renovación temática, sí, pero relativa, por cuanto que, al lado de tantas películas adscritas al género que convierten al aparato cinematográfico (la cámara, la pantalla de cine, la de televisión, la cinta de vídeo, etc.) en una estructura amenazante para la vida o para la estabilidad psíquica de los personajes, aquí cobra relevancia también la banda sonora que acompaña -o suele acompañar- a la de imagen en el dispositivo audiovisual. Y evidente homenaje transtextual, al giallo italiano de los años setenta del pasado siglo, que aquí se convierte en el motivo (al tiempo) temático y estilístico en torno al que se tejen las variaciones en las que la narración de la película consiste.

He de reconocer que, vista así, en términos estrictamente genéricos, la película no me parece más que el enésimo intento por innovar (relativamente, como he señalado) en un género que parece guiarse por la bulimia de un(a) espectador(a) modelo más pendiente del "más difícil todavía" (más violento, más original, más inusitado,...) que de cualquier pretensión de que el género fantástico profundice en aquello que puede -y debería- llegar a ser: una forma de conocimiento. Curiosa, digna de atención, pero de una atención efímera y superficial (como lo son sus innovaciones).

Pero hay en Berberian Sound Studio otra historia narrada (otra interpretación de dicha historia). Y es, evidentemente, la del poder del dispositivo cinematográfico: la capacidad de sus representaciones audiovisuales para generar emociones y sensaciones en el/la espectador(a) extremadamente intensas.

A este respecto, hay que observar que realmente la narración de la película equivoca -a mi entender- el foco principal de atención. Pues, en verdad, mientras que la misma comparte el interés por elaborar metáforas acerca del poder del cine (y, en general, del arte) para absorber, para vampirizar a sus creador@s, lo auténticamente notable no es eso, que sólo resulta aproximadamente verdadero: puesto que no existe ningún vampirismo del dispositivo, sino tan sólo, a lo sumo, obsesiones en sus usuarios; y ni siquiera siempre, dado que tanto cine, tanto arte, han sido producidos, y siguen siéndolo, por motivos puramente mercenarios, sin implicación de compromiso personal alguno por parte de sus creador@s. Y sin que ello necesariamente desmerezca el resultado, que puede seguir siendo magnífico, a pesar de las motivaciones (¿o precisamente debido a ellas?), considerado desde un punto de vista estético.

No, lo verdaderamente notable por lo que hace al efecto del dispositivo cinematográfico (y, en realidad, de cualquier dispositivo artístico) es eso que en la película se muestra, pese a que no se ponga el énfasis sobre ello: que una combinación de pura técnicas sea capaz de construir un producto (un signo) con capacidad para transmitir emociones, sensaciones y pensamientos (en el mejor de los casos) sin fin. Que con unos repollos y unas mujeres gritando (y unas luces y una cámara) se pueda evocar la emoción primordial del miedo, pese a que apenas la hemos experimentado en la vida, fuera de la sala de cine. Que el signo cinematográfico sea capaz de aunarse con las expectativas y con el psiquismo del/la espectador(a) para dar como fruto -siempre en el mejor de los casos- una experiencia emocional e intelectual completa. Una experiencia estética.

Sobre todo ello, sobre la compleja interacción de intenciones creativas, herramientas técnicas, resultado sígnico y efecto psicológico sobre el espectador, podría y debería haberse profundizado en Berberian Sound Studio. Creando de este modo una película (otra película) más interesante y reveladora que un ejemplar -otro más- de pretenciosa originalidad dentro del género. No ha sido así: deberemos conformarnos, pues, con apuntar que lo sugerente del tema y de la necesidad de reflexión (fenomenológica, a través del arte) acerca del mismo pueden ser inferidos, entre líneas, a partir de la narración, eminentemente genérica, que constituye la película -la película real, no la que yo he imaginado- que es posible ver en la pantalla.




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