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martes, 7 de junio de 2016

Elizabeth Hinton: From the War on Poverty to the War on Crime. The Making of Mass Incarceration in America


Siguiendo mi reciente serie de lecturas en torno a los orígenes históricos del punitivismo contemporáneo, me he encontrado con este libro, recién aparecido (Harvard University Press, 2016) en el que se lleva a cabo una exploración de la manera en la que ya en las políticas sociales y penales sedicentemente "progresistas" de las administraciones demócratas norteamericanas de la década de los sesenta del pasado siglo se hallaba incorporado el virus del punitivismo.

Lo que el estudio viene a poner de manifiesto, con abundancia de datos, son dos cosas:

- Primero, que. en un sistema político que se basa en la desigualdad social y la dominación, las políticas sociales (especialmente las orientadas hacia los grupos sociales más marginados) tienen siempre un ineludible componente de control social: de contrainsurgencia, frente a eventuales revueltas de dicha población, frente a la injusticia y la opresión que soportan. No existe, pues, una solución de continuidad evidente entre políticas sociales y políticas de control social: todas ellas forman parte de una estrategia (más o menos) integrada de gobernanza, de la pobreza y de la desviación social.

- Y, segundo, que las políticas específicamente penales (política legislativa penal, política policial, política judicial, política penitenciaria,...) para el control de la desviación social tienen prácticamente siempre en su núcleo momentos de construcción de folk devils (la expresión procede del clásico estudio de Stanley Cohen, Folk Devils and Moral Panics, que intentó caracterizar desde un punto de vista sociológico el fenómeno de los "pánicos morales"): de grupos sociales que son etiquetados como "extraños a la comunidad", como "predadores peligrosos"; como desviados, en suma. Como aquellos frente a los que una reacción represiva sobredimensionada pretende cobrar toda su justificación y todo el sentido.

En el caso norteamericano, el "elefante en la habitación", implícitamente presente en todas las políticas criminales contra la criminalidad de las clases más pobres, pero apenas explicitado, es el racismo antinegro: el folk devil preferido viene siendo, desde siempre, la pretendida peligrosidad criminal de la población afroamericana. (En un principio. Con posterioridad, el estereotipo ha ido sufriendo modificaciones parciales, que en todo caso apenas alteran su función ideológica: se ha extendido, por una parte, a toda la población inmigrante de origen no europeo; y, de otra, se ha limitado a la población afroamericana pobre, dejando aparte a sus clases medias.)

El estudio de Elizabeth Hinton expone detalladamente cómo ya las políticas sociales de las administraciones de John F. Kennedy y Lyndon B. Johnson partieron desde un inicio del presupuesto de que el desarrollo de la asistencia social hacia la población afroamericana tenía que ir unido a la elaboración de herramientas eficaces de control social y de represión de los sectores más levantiscos (por razones sociales o políticas) de dicha población. Y va analizando de qué manera el desarrollo de políticas de asistencia social tuvo lugar en paralelo a la consolidación de un aparato represivo (relativamente) integrado y perfeccionado a nivel federal, estatal y local, capaz de afrontar tanto las revueltas en los barrios pobres como la rebelión del sector más radical del movimiento por los derechos de la población afroamericana, pasando por los diversos fenómenos de delincuencia más o menos organizada.

De este desarrollo paralelo, entonces, provendría el punitivismo norteamericano contemporáneo: de la adaptación a las cambiantes circunstancias sociopolíticas de las décadas de los sesenta, setenta, ochenta y noventa del pasado siglo, de una estrategia constante de control social, a través de la doble vía de la asistencia social y la represión penal. Se examinan, así, las interrelaciones entre políticas urbanas y punitivismo de los años setenta; entre la redefinición neoliberal de la asistencia social tras la "revolución conservadora" de Ronald W. Reagan y la "guerra contra las drogas";...

De este modo, el retrato que surge es el de una política criminal punitivista (contra las clases bajas) que halla su sentido real en la contrainsurgencia: en el control social de la población más pobre y marginada del país, considerada como potencialmente peligrosa para la estabilidad del sistema social y político. Y que, consiguientemente, va evolucionando en función de cómo cambian las necesidades de control de dicha población, a tenor de la evolución social.

Una política que, sin embargo, tiende a ocultar cuidadosamente que este sea su verdadero sentido político. Y que, para ello, para volverse aceptable y políticamente legítima para la gran mayoría del electorado, emplea el trampantojo ideológico del racismo: la construcción de ese "enemigo interior" que sería el delincuente afroamericano (o, modernamente, también inmigrante no blanco), sobre la base de una combinación de estereotipos y prejuicios largamente cultivados.

Cabe dudar de que las conclusiones extraídas sean solamente de aplicación a la sociedad de los Estados Unidos de América. Más bien, uno tiende a pensar que un análisis histórico (de historia social y política de la estrategias de gobernanza de la desviación social) de semejante cariz arrojaría, también aquí (y, más en general, en todas las sociedades capitalistas desarrolladas), enseñanzas bastante parecidas. Aunque, justamente, esto es lo que aún nos está faltando: que se abra una línea de exploración historiográfica en este sentido, también entre nosotr@s.


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