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jueves, 4 de julio de 2013

Barbara (Christian Petzold, 2012)


Barbara es un ejemplo obvio de una tendencia muy usual en el cine contemporáneo: la de construir la narración basándose en la tópica temática y dramática que la narración cinematográfica convencional ha ido elaborando y desarrollando, de manera progresivamente perfeccionada, como conjunto de materiales aptos para emplear en la representación. Confiando en que el/a espectador(a) será capaz, gracias a su conocimiento previo de la experiencia narrativa y a su buena disposición hacia la normalización del relato, de aportar aquello que l@s creador@s de la obra narrativa se muestran incapaces de proporcionar. (Puesto que  la abstinencia de una narratividad suficiente no suele ser intencional, sino más bien una consecuencia no querida de la aptitud técnica empleada.)

En efecto, lo cierto es que la eficacia narrativa de la película que comento depende en todo momento de conocimientos, creencias y asunciones del/a espectador(a) que en ningún momento son inducidas en realidad a través del mecanismo narrativo, sino que preexisten en en él/ ella, a causa de su constante sujeción a la retórica de la narración cinematográfica convencional.

Lo que se obtiene, así, es un cine que -acaso- es eficaz desde el punto de vista retórico, en tanto que es capaz quizá de promover la identificación emocional del/a espectador(a) con el personaje protagonista. Pero que, de todas formas, en ningún caso se revela apto para penetrar en las motivaciones, en la situación, en las ansiedades emocionales, del personaje, de Barbara (Nina Hoss).

De este modo, lo que en verdad contemplamos es una historia, esquemática (porque se apoya explícitamente en un esquema tópico de la narrativa tradicional: el del sacrificio del héroe "por una buena causa", más importante que su propia vida). Que sólo puede ser comprendida, y aceptada, si se adopta -lo cual, por cierto, no resulta aconsejable- una actitud extremadamente empática hacia las ansiedades que subyacen a los héroes clásicos.

Si, por el contrario (y como es mi caso), se adopta una actitud más escéptica y menos comprometida (con la verdad y el "realismo" de la narración), entonces lo que se puede contemplar es una narración frustrada: incapaz de mostrarnos ni las características de la personalidad de sus personajes, ni los motivos que les llevan a actuar. Que nos fuerzan, si queremos obtener el placer derivado de la experiencia narrativa, a aceptar de forma abusiva que los personajes han de actuar en todo caso como es esperado de ellos (por parte de quien dicta las reglas del esquema narrativo). Y que, si no aceptamos tal premisa, aparece únicamente como una pieza de retórica (de la retórica del heroísmo y del sacrificio), carente de cualquier penetración o "verdad" (verosimilitud, epistémicamente relevante).


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