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viernes, 29 de marzo de 2013

Cosmopolis (David Cronenberg, 2012)


Tan sólo un par de observaciones acerca de la adaptación que David Cronenberg ha realizado recientemente de la novela de Don DeLillo:

1ª) En primer lugar, Cronenberg adopta la decisión estilística de, al igual que hizo ya en su anterior película (A dangerous method, 2011), concentrar su adaptación en la fiel reproducción de los diálogos de la obra literaria adaptada, así como de las descripciones del entorno (la limusina, las calles de Manhattan) en el que los mismos tienen lugar. Ello, hasta cierto punto, resulta comprensible, dado que que la novela de DeLillo contiene una gran cantidad de largos diálogos sobre los más diversos temas, así como amplias descripciones.

Pese a ello, me parece una opción cuestionable, en cuanto a su resultado final. Pues, de este modo, lo que en la novela es la "hojarasca" retórica que recubre el meollo de la historia (ese descenso hacia los infiernos, del conocimiento y de la realidad, por parte de Eric Parker) es, en la adaptación cinematográfica, prácticamente lo único que podemos contemplar. Es decir, como espectador@s, perdemos, en buena medida, el sentido global de la narración original de DeLillo. Y el problema, me parece, es que (dejando, pues, a un lado la dudosa cuestión de si existe un deber de "lealtad" en las adaptaciones) dicho sentido no es sustituido, de manera convincente, por ningún otro. Esto es: la película de Cronenberg narra una historia (un tránsito por la ciudad, unos diálogos, unas situaciones) que, sin embargo, difícilmente cobra alguna significación, relevante, más allá de sí misma.

2ª) La anterior observación ha de ponerse en relación, según creo, con una segunda. Lo destaca Aurélien Le Genissel en su crítica de la película para la revista Dirigido Por... (nº 426, octubre 2012): a la vista de los acontecimientos actuales (la crisis de las economías, las sociedades y las legitimidades políticas en los países occidentales), lo que en DeLillo pretendía ser una premonición, en la película de Cronenberg resulta ser sobre todo una descripción. Y eso parece evidente en la película.

Es decir, existe, en mi opinión, un exceso de reverencia hacia el hecho de que la película habla de una situación de crisis social (porque la novela hablaba de eso), y los tiempos actuales parecen confirmar la plausibilidad de lo narrado. Pero, en este caso, dicha plausibilidad parece operar más bien en contra de la relevancia de la narración. Porque lo que debería ser, según las pretensiones originales de DeLillo, una suerte de profecía (o, para un adaptador no "leal", pero creativo, cualquier otra cosa que la novela le sugiriese), parece, en la película de Cronenberg, una suerte de reportaje. O, tal vez más propiamente, una alegoría: con su moraleja incluso, acerca del sinsentido y fracaso (existencial) de la actividad de especulación financiera.

Una profecía oscura convertida en moralina: ¿es que acaso ganamos algo con esta transformación, si no es en banalidad y en confortar nuestras propios lugares comunes, cuando perdemos a cambio en capacidad de revelación?


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