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martes, 21 de agosto de 2012

"H Story", de Nobuhiro Suwa


Habituad@s como estamos a los usos y abusos del cine comercial, tendemos a creer que realizar un "remake", una nueva versión de una narración anterior, resulta algo simple: cambiamos de actores, mejoramos la ambientación, tal vez añadimos algún guiño contemporáneo en el argumento; y, desde luego, en todo caso, actualizamos el lenguaje cinematográfico, para hacerlo más a la moda. Y ya está.

Nobuhiro Suwa pretende, sin embargo, demostrarnos que las cosas no son tan sencillas. En H Story nos presenta el intento, fallido, de llevar a cabo una nueva versión, japonesa y contemporánea, de Hiroshima, mon amour, la afamada película que Alain Resnais dirigió en 1959.

Fiel a su técnica de encerrarse con sus actores y con la cámara y dejar que el drama fluya delante de ella (y aprovechando, al parecer, un fiasco de producción previo, que se vio obligado a reconvertir en la película que hoy conocemos), lo que la película viene a poner ante nuestros ojos de espectador@s es que, si la narración es algo más que mecánica (y, mal que les pese a los productores más comerciales y a l@s espectador@s más adocenad@s, siempre lo es: siempre posee implicaciones, tanto temáticas como formales, que conllevan significación), volver a narrar no es tan sólo volver a enunciar lo ya narrado. No, una nueva enunciación de una narración es, siempre, una nueva narración. Y ello, a veces, es problemático: porque los tiempos han cambiado, y el contexto social y cultural, por lo que el significado se diluye.

Aquí, la representación de todo ello aparece bajo la figura de los problemas de los actores (notablemente, la actriz protagonista, Béatrice Dalle) para identificarse con unos personajes notoriamente datados desde el punto de vista histórico (hay que recordar que Hiroshima, mon amour transcurría toda ella bajo la sombra del exterminio norteamericano de aquella ciudad japonesa en 1945, y las inquietudes, existenciales y políticas, que ello -y toda la violencia que lo rodeó- suscitó entre las mentes más preclaras de la época). Las circunstancias han cambiado y repetir tan sólo los diálogos carece de sentido. Pero cambiarlos, sin cambiar de trama, resulta también problemático.

Al cabo, la película es el sólido retrato de un fracaso: el fracaso de (volver a) narrar lo que carece de sentido que sea narrado aún. Cuestiona, pues, de forma convincente (bien que en mero esbozo) toda una infundada confianza en la capacidad para narrar y para que la narración cree consensos y certidumbre. No es, desde luego, esta la idea de Suwa, siempre más afín al concepto de narración destructiva: la narración como forma de poner en cuestión lo que se tiene por dado.


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