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miércoles, 16 de diciembre de 2009

José María Ruiz Soroa: "¿De verdad somos idiotas?" (Una nota sobre republicanismo y democracia)

José María Ruiz Soroa (en Claves de Razón Práctica nº 198, diciembre de 2009) se enfrenta, en su propio terreno (la teoría de la democracia), a la oleada de pensamiento republicanista que ha invadido los departamentos de filosofía y teoría política de nuestras universidades. Y, en mi opinión, tiene todas las de ganar: ¿cuál es, en efecto, verdaderamente la propuesta institucional del republicanismo para la reconstrucción de la democracia?
  • Si se trata solamente de introducir mecanismos participativos, entonces el republicanismo no es más que una ligera matización a la teoría de la democracia representativa.
  • Si intenta apostar por el modelo ideal de "democracia deliberativa" (sea lo que sea lo que esto signifique), se va a encontrar, a mi entender, en un camino sin salida, ya que tal modelo puede -acaso- servir para justificar decisiones, mas no creo que pueda ser un modelo para diseño institucional alguno, en sociedades reales (complejas y veraderamente pluralistas).
  • Por fin, la única salida coherente (pero improbable) para el republicanismo -en tanto que teoría de la democracia- es inclinarse por un modelo de democracia (lo más próxima que sea posible a la democracia) directa. Pero no hace falta decir que, desde el punto de vista del diseño institucional, resulta complicado apostar por esta vía.
A mi entender, y comprendiendo y compartiendo la inquietud que late detrás del revival del pensamiento republicano (en suma: la democracia demediada, manipulada por los poderosos, que hemos de soportar, y la idiotez -en el sentido griego clásico- de buena parte de la ciudadanía, que acepta esta indignante situación como si no fuese con ell@s), éste, en tanto que teoría de la democracia, es profundamente deficiente: primero, por razones históricas, ya que es obvio que el republicanismo histórico tenía otras preocupaciones, no la de la democracia (en el sentido moderno del término: democracia pluralista y multicultural, respetuosa con diferentes modelos de vida buena y con respeto a derechos fundamentales indisponibles); y segundo, en el plano conceptual, porque tiende a confundir erróneamente síntomas (escasa participación, desinterés por la res publica, elitismo, etc.) con verdaderas causas y, debido a ello, a apostar antes por el voluntarismo (virtud, participación, deliberación,...) que por diseños institucionales plausibles. Y es que, pese a quien pese, siguen siendo ciertas las tesis de Giovanni Sartori: en tanto que diseño institucional, la democracia no puede ser más que democracia representativa, un mecanismo de selección de líderes, por consiguiente; la cuestión, entonces, es más bien garantizar que tal mecanismo opere en condiciones, tanto desde el punto de vista de la justicia (política) como de la racionalidad instrumental (selección de l@s más idóne@s, con información suficiente para poder elegir con conocimiento de causa y con procedimientos de toma de decisiones por partede l@s elegid@s que minimicen el riesgo de abuso y de arbitrariedad por su parte y maximicen el nivel de exigencia en la rendición de cuentas y la racionalidad de las decisiones adoptadas). En este marco, desde luego, tienen cabida muchas propuestas de reforzar la partipación ciudadana, de introducir mecanismos deliberativos en los procesos de toma de decisiones, de reforzar la transparencia y la rendición de cuentas, etc. Pero todo ello no necesita para nada, me parece, de fundamentación republicanista ninguna.

¿Queda, entonces, algo del pensamiento republicano que resulte aprovechable? Me parece que, de una parte, esta corriente de pensamiento está cumpliendo la función práctica de hacer volver a la izquierda al terreno (generalmente orillado por su corriente principal, que se ha venido conformando -y sigue en buena medida haciéndolo- con la concepción "marxista" funcionalista vulgar de la política como superestructura completamente dependiente) de la teoría y de la filosofía políticas... aun cuando sea por una vía discutible, por excesivamente consensualista (dicho de forma escueta: para hacer teoría política, me parece más interesante el Machiavelli de El príncipe que el del Discurso sobre la primera década de Tito Livio, y para hacer filosofía -normativa- política, ninguno de los dos me parece demasiado pertinente). Por lo demás, creo que en el plano teórico lo que resulta verdaderamente aprovechable es sobre todo su concepción de la libertad (libertad como no dominación), notablemente más aprovechable, para el debate moral, político y jurídico, que la chata concepción liberal. Y no es poco.

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