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lunes, 26 de octubre de 2009

The curse of Frankenstein (Terence Fisher, 1957): para una definición del concepto de atrocidad


Tal vez sea esta película la primera que, enfrentada al mito de Frankenstein, pretende ahondar en uno de los temas que estaba en el trasfondo de la novela de Mary Shelley: la definición de lo específicamente humano, por contraste con lo que no lo es (¿lo "inhumano"?). En efecto, la famosa película de James Whale de 1931, a pesar de contener algunas imágenes en torno al mito que han devenido clásicas (el mad doctor, el monstruo y la niña, la persecución por parte de una comunidad enfurecida,...), no profundizaba en los discursos subyacentes, limitándose prácticamente a narrarnos la anécdota (con bellas imágenes, eso sí... ahí estriba la diferencia con la pobre versión de Kenneth Branagh de 1994 -también anecdótica, aunque mucho menos hermosa).

La película de Terence Fisher, en efecto, es un verdadero tratado en torno al concepto de atrocidad. (Que nadie se confunda: prácticamente no hay discurso explícito en ella, todo se trasluce más bien en la narración y en la puesta en escena de la misma.) "Atroz", dice el Diccionario de la Lengua Española, significa "fiero, cruel, inhumano”. Atroces son, entonces, las operaciones del Dr. Frankenstein, como lo es su resultado: los cuerpos humanos son desmembrados, recortados y pegados, delante de nosotr@s.. Y el resultado se pretende que sea un hombre. ¿Lo es? Está hecho de restos humanos. Nos parece un semejante, en su apariencia (aun deforme). Nos parece ante todo una víctima.

Si la película logra estremecernos, es ante todo porque nos obliga a plantearnos estas preguntas: hay muy poca violencia explícita, apenas hay misterio ni sorpresa,… Y, sin embargo, lo que sucede ante nuestros ojos posee un perfil inquietante (unheimlich, en su acepció freudiana), por difícil de categorizar con certeza: ¿un experimento, una manipulación, una inhumanidad? ¿Qué nos diferencia, en verdad, del ser creado por Frankenstein? Y, si no hay diferencia, ¿dónde estriba nuestra –presunta- “humanidad”, nuestra carencia de monstruosidad? Difíciles preguntas, que la película no responde, pero que nos incita a contestar.




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