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viernes, 2 de septiembre de 2016

John Barth: Giles Goat-Boy or, the Revised New Syllabus


Como ya hiciese en su anterior novela, The sot-weed factor (1960), John Barth vuelve en esta monstruosa novela (hay traducción castellana en Sexto Piso, de más de 1.100 páginas) a desarrollar un ejercicio de intertextualidad: novela de formación, reelaboración de teorías antropológicas acerca del rol de los héroes en el origen de las culturas, parodia teológica y bíblica, novela de campus, intriga y sátira en torno a la "guerra fría" y la política norteamericana de la época, tragedia sofóclea, novela de ciencia-ficción, relato de erotismo, de amor,... Todo ello, y más, cabe en la novela.

La obra aparece presentada como los restos (acaso deformados) de la documentación recopilada del tránsito entre nosotr@s de quien (justamente, Giles, el Niño Cabra), según sus seguidor@s, era un auténtico "Gran Tutor"... aunque haya quien lo pone en cuestión. La novela, así, resultaría ser un conjunto de grabaciones, más o menos alteradas, más o menos incompletas, transcritas en forma de libro. De un libro cuyos méritos para ser publicado resultarían, según los anónimos informes de lectura que le acompañan (y que forman parte de la parte introductoria de la novela), cuando menos dudosos.

Como se comprobará, una vez más John Barth se dedica a jugar con la intertextualidad, con el trenzado de textos, referencias, tradiciones literarias, que interactúan entre sí dentro de su novela. No contento con ello, con crear una estructura de mise en abyme (un relato principal incrustado tras unas palabras del -supuesto-compilador, que a su vez se incrustan en la presentación del -supuesto- editor), y con rellenarla luego de materiales procedentes de las diversas fuentes literarias que más arriba señalé, añade además una capa más: convierte la novela en una auténtica roman à clef, acerca de la realidad sociopolítica y cultural de los Estados Unidos de la época y del mundo entero (la novela se publicó originalmente en 1966) y, muy especialmente, de su conflictiva situación universitaria. De manera que es fácil adivinar las personas, lugares y situaciones reales del momento que inspiran muchos de los personajes y elementos de la trama.

De este modo, las aventuras más desopilantes tendrán a Giles por protagonista y por víctima. Aventuras eróticas, políticas, estudiantiles, amorosas, de conocimiento: todo aquello que constituye el universo de un joven que se asoma al mundo social por primera vez. Y que se verá enfrentado a todos los personajes y personajillos "importantes" y "respetables" de "la Universidad" (el mundo, humano).

Resulta difícil siempre saber hasta qué punto detrás de una novela de John Barth hay algo más que juego, ejercicios de reelaboración (y de recuperación) de materiales literarios y humor. Nuevamente, en Giles Goat-Boy or, the Revised New Syllabus la duda surge: resultan, desde luego, evidentes las referencias, temáticas, literarias, políticas, filosóficas. Como también lo es el abierto sentido festivo, de celebración, que parece conllevar siempre en su obra el acto de narrar: narra es, ante todo y sobre todo, un gran festín, al que tod@s están invitad@s, siempre que tengan buen estómago (para ingerir materiales -siempre alimenticios, sí, pero- de todo género en cantidades desorbitadas) y muchas ganas de gozar con la comilona.

Ocurre, sin embargo, que hay lector@s (tal es mi caso) que siempre buscan algo más: algo más que  -en el plano formal- alarde técnico, espíritu de juego y buen humor. Aunque esto ya sea mucho. Y, puestos a buscar y encontrar ese algo más en la novela, tal vez haya que formular la hipótesis de que Giles Goat-Boy or, the Revised New Syllabus sea, desde el punto de vista temático, ante todo y sobre todo el relato del descubrimiento, por parte de un inocente -Giles- de dos componentes ineluctables de la existencia del sujeto contemporáneo: de una parte, la radical confusión (de ideas, valores, modelos de vida, conocimientos,...), en suma, el ruido monumental en el que vivimos inmersos; de otra, el notorio sinsentido de prácticamente todas las doctrinas que pretenden poner orden en el caos.

En efecto, Giles comienza siendo un ser alejado del mundo social. Penetra en él y aprende a descifrarlo. Se adhiere a sus mitos, se implica en su praxis (basada en tales mitos). Y acaba por descubrir que, en realidad, todo el esfuerzo por ser un líder de esa (de esta) sociedad carece de cualquier sentido: inteligible o, al menos, que pudiera justificar su existencia. Que tampoco el nihilismo constituye una verdadera alternativa a las doctrinas y creencias "constructivas" y "civilizadas" que primero intentó ensayar. Y que, al final, solamente recuperando, y reconociendo, su propia animalidad (la animalidad esencial de todos los seres humanos, será capaz de hallar un camino transitable para su existencia.

Que somos únicamente un manojo de deseos (fruto -añado yo- de una historia evolutiva ciega), sin mayor trascendencia. Que eso es todo. Que eso es mucho, en realidad. Que buscar algo más es bobería.

Pero acaso yo, con mis obsesiones, esté haciendo decir a John Barth (bueno: no a él, sino a Giles, y a su compilador, y al editor de su obra) mucho más de lo que verdaderamente él -bueno, no él, su obra- desearía decir. Tal vez ocurra que escribir una novela sea únicamente un juego. Y que, como sucede con todos los juegos, sea esta, jugar (a crear mundos y a rellenarlos de persona-jes y de vicisitudes y tribulaciones), una de las actividades más serias y dignas a las que pueda entregarse un sujeto que haya superado la credulidad en los mitos que han intentado inculcarnos y, a pesar de ello, no esté del todo a disgusto con la idea de seguir existiendo...


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