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martes, 25 de diciembre de 2012

"De rouille et d'os", de Jacques Audiard


De rouille et d'os es una historia que gira, de forma muy evidente, en torno a las ideas de cuerpo y de potencia corporal. No sólo en el plano argumental, dramático: el hecho de que Alain (Matthias Schoenaerts) se dedique de forma intensiva al deporte y a la lucha; el hecho de que Stéphanie (Marion Cotillard) vea amputadas sus piernas; la forma en que Alain "complementa", con su fuerza y con su cariño, la pérdida (corporal) de Stéphanie; y cómo, al tiempo, Alain manifiesta a través de la violencia, pero también del una actividad sexual intensa, sus emociones, su dificultad para expresarlas...

Pero no sólo en el plano argumental, sino también en el visual, en el formal. En la medida en la que, en efecto, la composición de los planos está pensada para hacer hincapié constante en la presencia de los cuerpos, en sus "ausencias" (la falta de las piernas en Stéphanie), en la potencia que todo ello conlleva.

Y es, precisamente, esa constante presencia del cuerpo, de los cuerpos, de sus potencias, de los afectos que las aumentan y las disminuyen (estoy evocando, claro está, la filosofía materialista de Baruch Spinoza), lo que hace que una película que, sobre el papel, podría parecer un convencional melodrama sobre personas discapacitadas, o bien una suerte de (también convencional) drama romántico, se convierta en algo diferente, mucho más sugestivo.

Pues lo que, al cabo, la película narra no es sino el modo en el que los afectos se desenvuelven en el cuerpo humano. Y cómo son dichos afectos y la forma en la que los mismos conducen al cuerpo a actuar, y a relacionarse con l@s demás (con los otros cuerpos), cuanto acaba por impulsar nuestros sentimientos hacia esas otras personas.

En De rouille et d'os, por lo tanto, el trascendentalismo romántico (omnipresente, de un modo u otro, en toda la tradición literaria, y cinematográfica, occidental -en especial, en su parte más lowbrow, menos sofisticada) está fuera de lugar. Los sentimientos (afectuosos, amorosos) surgen de los cuerpos: de sus deseos y de sus afectos, pero también de sus movimientos y sensaciones.

Es esta visión materialista (no, pues, simplemente la trama, sino el modo en el que la misma se articula desde el punto de vista dramático, así como el estilo de mostrarla luego en términos visuales) lo que vuelve a la película un artefacto cultural significativo, merecedor de contemplación y análisis.


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