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miércoles, 25 de julio de 2012

Sobre la génesis de la "vocación policial"


"De los comportamientos embrutecedores que la cultura señorial exige de las clases bajas, éstas sólo pueden ser capaces mediante una permanente regresión. Lo informe en ellas es justamente producto de la forma social. pero la producción de bárbaros por la cultura siempre la ha aprovechado ésta para mantener viva su propia esencia bárbara. La dominación delega la violencia física sobre la que descansa en los dominados. Mientras les da satisfacción de desahogar sus instintos ocultos con algo colectivamente justo y equitativo, aprenden a hacer aquello que los nobles necesitan que hagan para poder seguir siendo nobles. La autoeducación de la pandilla dominante a base de todo lo que requiere disciplina, ahogamiento de toda acción directa, escepticismo cínico y ciego apetito de mando, sería inviable si los opresores no ejerciesen contra ellos mismos, mediante oprimidos pagados, una parte de la opresión que ejercen contra los demás. De ahí que las diferencias psicológicas entre las clases sean mucho menores que las económicas objetivas. La armonía de de lo inconciliable favorece la perpetuación de la mala totalidad. La bajeza del superior se entiende con la arrogancia de lo bajo. Desde las sirvientas y las institutrices, que embrollan a los niños de familias importantes para imbuirles la seriedad de la vida y los profesores del Westerwald, que negándoles el uso de palabras extranjeras les quitan el interés por toda lengua, pasando por los funcionarios y empleados que guardan cola y los suboficiales que se someten a las marchas, hay una línea que va derecha a los torturadores encargados de la Gestapo y los burócratas de las cámaras de gas. Los movimientos de los de arriba pronto responden a la delegación del poder en los de abajo. El que se horroriza de los buenos modales de los padres huye a la cocina buscando el calor de las expresiones fuertes de la cocinera, que secretamente desdeñan los principios de la buena educación paterna. A la gente fina le atrae la indelicada, cuya rudeza engañosamente le depara la ocasión de dar muerte a la propia cultura. Esa gente no sabe que eso indelicado que se le presenta  como naturaleza anárquica no es otra cosa que el reflejo de la coacción a la que se resiste. Entre la solidaridad de clase de los de arriba y su intimación con los delegados de las clases bajas media el justo sentimiento de culpa ante los pobres. Pero quien ha aprendido a adaptarse a la tosquedad, quien se ha dejado penetrar hasta lo más íntimo por  el «así es como se hace aquí», es porque él mismo ha terminado por volverse tosco. La observación de Bettelheim sobre la identificación de las víctimas con los verdugos de los campos nazis encierra un juicio acerca de los estimados semilleros de la cultura: la public school inglesa, la academia militar alemana. El contrasentido se perpetúa por medio de sí mismo: la dominación se transmite pasando por los dominados"

Theodor W. Adorno, Minima Moralia, §117


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