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jueves, 14 de octubre de 2010

"Andrey Rublyov", de Andrei Tarkovsky


El cine de Andrei Tarkovsky ha tenido siempre una merecida fama de ser muy peculiar, tanto a causa del tratamiento narrativo que proporciona a sus temas como por la formalización visual de la narración misma. Ya Ivanovo detstvo (La infancia de Iván, 1962) era una película bélica extremadamente no convencional, al centrar su atención en la situación y en las relaciones personales (que, necesariamente, eran también relaciones de camaradería guerrera) de un niño de la guerra.

En Andrey Rublyov (1966), Tarkovsky presenta por primera vez de manera más explícita buena parte de sus inquietudes (artísticas, pero también existenciales -podríamos decir: artísticas, en tanto que existenciales). En concreto, la película narra la construcción de la personalidad de un artista (el pintor de iconos del siglo XV que da nombre a la película -encarnado por Anatoli Solonitsyn), a través de su enfrentamiento consigo mismo y con su tiempo. Así, la película, a través de una estructura episódica, va mostrando las diversas vicisitudes de dicha construcción: encuentro con el mal, con la pasión de crear, con el pueblo, con los maestros, con las tentaciones mundanas,...

El mensaje que es dado extraer de la película (pero que, desde luego, Tarkovsky en ningún momento explicita) parece claro: sólo siendo un auténtico ser humano, en el más amplio (y rico, y contradictorio) sentido de la expresión, es posible ser artista; y de ningún otro modo.

En cualquier caso, la narración de Andrey Rublyov -como ocurre siempre en el cine de Tarkovsky- no poseería su capacidad expresiva y comunicativa si no estuviese formalizada con la delicadeza y, al tiempo, la potencia visual que la caracterizan. En efecto, la cuidadosa composición de los planos, en los que la materia (quiero decir: no humana, ni animada siquiera) ocupa siempre un protagonismo relevante, hace posible, antes que (solamente) aquello que transcurre ante nuestros ojos, que las revelaciones -aquí, acerca del arte y de la existencia humana- a que acabo de hacer referencia se nos aparezcan. No es, pues, Tarkovsky quien nos lo dice (no estamos ante otra película concienciada y con mensaje, de las que tan hartos estamos), sino que somos nosotr@s, inquietos, quienes nos vemos impelid@s, por las formas que percibimos,a ahondar en el sentido de cuanto estamos contemplando.


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