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miércoles, 30 de diciembre de 2009

"Mandy", de Alexander Mackendrick




Una pequeña película de Alexander Mackendrick es siempre, pese a todo, una gran película. Este melodrama acerca de las reacciones diferenciadas de los dos padres ante la sordomudez de su hija presenta de un modo contenido, pero agudo, los dilemas de la sociedad cuando ha de tratar con (quienes considera como) los "anormales": ¿segregación o integración? ¿(sobre-)protección o inmersión en la dura lucha por la supervivencia digna? Fruto de su época, el argumento de la película apuesta en ambos casos por lo segundo, lo único que entonces se consideraba "progresista". (Por supuesto, la tercera opción, la del respeto por la diferencia, no llega a ser planteada -no hubiera sido, desde luego, imaginable en una película de corte realista de Ealing Studios en los años cincuenta.)

Como decía, el gusto de Mackendrick por la contención y los pequeños detalles hace que, sin alharacas, seamos capaces de empatizar con toda la soledad -y contenida desesperación- de Mandy, pero también de sus padres y de los profesores y profesoras del colegio. Una soledad y una desesperación que no por calladas dejan de estar patentes en todas y cada una de las escenas de la película. En este sentido, el final feliz (la niña comienza a integrarse, el padre comprende que es esta la mejor solución) parece, más que nada, una tregua en la inacabable batalla.

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