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viernes, 4 de diciembre de 2009

Celda 211 (Daniel Monzón, 2009)


Resumo rápidamente mi impresión sobre esta película (coincidente, por lo demás, por lo que he podido leer, en buena medida -aunque, como apuntaré, yo no sea tan entusiasta- con la mayor parte de las críticas publicadas): una película de género, con un guión correcto y, eso sí, espléndidamente rodada; pero nada más (¡y nada menos!) que una película de género (thriller, género carcelario). Me explico:

- Primero, el guión (no hablaré de la novela en la que se basa, ya que no la he leído): estamos ante el prototípico buen guión de película de género, que nos hace identificarnos con un protagonista colocado en una situación atípica ("¿qué pasaría si...?") y seguirle a lo largo de todas las vicisitudes, vueltas y revueltas argumentales (algunas, bastante traídas por los pelos), que son las que hacen que la narración avance, hasta una conclusión completamente cerrada. Y, además, acaba extrayendo una moraleja de todo lo ocurrido: el protagonista vive, a través de sus aventuras, también una experiencia interior, que le transforma. Es decir, un guión de manual (norteamericano de escribir guiones conforme al canon clásico). Y, como la mayoría de ellos, apoyado más en personajes-tipo (que responden a tópicos narrativos y dramáticos) que en personajes creíbles como seres humanos.

- La cuestión es que, además, la película está muy bien filmada y montada. Éste es su gran mérito: en manos de otro director, estaríamos ante otro thriller más del montón. Daniel Monzón hace, con su dirección, que el ritmo prácticamente no decaiga en ningún momento, que vivamos la angustia del protagonista en esa situación límite, que entendamos a todos los personajes, que las distintas subtramas se entrecrucen con orden y agilidad. En fin, un curso acelerado de bien narrar.

- En todo caso, sólo es una película de género. Quiero decir con ello que, en tanto que representación del mundo carcelario (y vuelvo con ello al tema del guión y del argumento), la película hace aguas por todas partes: por lo que hace a las situaciones como por lo que hace a los personajes (así, por ejemplo: la interpretación de Luis Tosar, que tanta admiración ha levantado, resulta ciertamente admirable como ejercicio de composición dramática -del "método", para entendernos-... aunque nadie diría que se parece en lo más mínimo al presidiario que pretende interpretar). Es claro que tanto en lo uno como en lo otro se basa antes en los estereotipos y tópicos del cine carcelario que en cualquier intento mínimamente serio de aproximarse a la realidad de la institución penitenciaria. No es esto, desde luego, un reproche (el cine de género se hace casi siempre así), pero sí una advertencia.

En suma: una película para disfrutar, como buen cine que es. Y, luego, incorporarla al baúl de las fantasías, sin darle la menor importancia.




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