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viernes, 27 de enero de 2017

Arrival (Denis Villeneuve, 2016): jugando con la filosofía del lenguaje


Ayer, cuando empecé a ver la última película de Denis Villeneuve, en seguida me interesé por lo que prometía ser una brillante ilustración narrativa de archiconocidas tesis de filosofía del lenguaje, acerca de la indeterminación de la traducción y de la inexistencia del universo platónico de los significados; y la necesidad, por consiguiente, de fijar el significado de cada proferencia sobre la base (empirista) del examen caso por caso y la ulterior elaboración de generalizaciones a partir de los mismos (W. V. O. Quine).

Puesto que, en efecto, la dificultad a la que se enfrenta la protagonista de la película, Louise (Amy Adams), para entablar comunicación con los extraterrestres llegados a la Tierra, roza exactamente con el dilema de la traducción radical acabado de referir: desde un desconocimiento absoluto no sólo de las estructuras del idioma extraño, sino igualmente de sus puntos de referencia extralingüísticos, parecería que el único camino que aparece abierto es el de la prueba y error, mediante un lento aprendizaje y generalización del conocimiento adquirido.

Y, sin embargo, lo cierto es que la película acaba por transitar por caminos mucho menos interesantes y, en cambio, más habituales en el cine comercial contemporáneo. Caminos que quedan determinados por dos decisiones relativas a la estructura dramática de la narración: primero, por el hecho de fijar el punto de vista de la enunciación narrativa exclusivamente en el de Louise; y, en segundo lugar, por convertir a Louise en un personaje "interesante" (en el sentido más convencional del término), con un pasado/ futuro dramáticos que condicionan su comportamiento.

En términos teóricos, entonces, podríamos decir que los autores de la película (el director, el guionista -Eric Heisserer- y el autor del relato en el que se basa, Ted Chiang) consideran más interesante construir el drama, antes que sobre las tesis de W. V. O. Quine (que conducirían hacia una narración de focalización predominantemente objetiva, acerca de las dificultades y posibilidades de la comunicación con extraños), preferentemente en torno a la "hipótesis de Sapir-Whorf" (por Edward Sapir y Benjamin Lee Whorf). O, por mejor decir, sobre una dramatización fantástica en torno a dicha conocida hipótesis filosófico-lingüística, a a tenor de la cual la estructura del idioma materno del hablante condiciona de manera determinante la estructura de los contenidos intencionales almacenados en su mente.

De este modo, la mente de Louise se vería completamente reestructurada desde el momento en el que llega a adquirir la competencia lingüística necesaria para comprender el idioma de los visitantes de otro planeta. Y, con ello (y aquí se introduce la vertiente más fantástica de la narración), se transformaría, también radicalmente, su percepción del espacio-tiempo, hasta el punto de quebrar las fronteras usualmente experimentadas por los seres humanos entre pasado y futuro.

Una construcción que, como se verá, pese a sustentarse en tesis hoy tan desacreditadas desde el punto de vista científico como la "hipótesis de Sapir-Whorf" y combinarla a su vez luego de mala manera con algunas ideas extraídas de la teoría general de la relatividad, permite a los autores de la película llegar a donde pretendían: a un drama acerca de la búsqueda y obtención de eso que se suele denominar "sentido de la existencia". Un drama entretenido, sin duda alguna, por más que en el fondo esté completamente vacío de contenido, a la vista de su endeble base teórica y de su banal moraleja existencial.

Como espectador (como espectador apasionado por las cuestiones teóricas -científicas y filosóficas), no puedo dejar de lamentar, entonces, que la historia y su narración no hayan aprovechado los otros elementos inherentes a la trama, esos que más arriba he señalado, relativos a los problemas de la traducción y de la comunicación, de mucho mayor interés. Pero, claro, habría sido esa otra película: no, desde luego, una de cine comercial, superficialmente profundo, pero, en el fondo, pura apariencia.




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