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sábado, 5 de noviembre de 2016

Amour fou (Jessica Hausner, 2014)


Amour fou constituye, ante todo, una aproximación profundamente descreída a la retórica del romanticismo. En efecto, la película pone en escena una historia (con base real: en la vida y muerte del escritor Heinrich von Kleist) acerca del sentimiento de "lo trágico", del discurso sobre el amor romántico y de la muerte por desesperación (existencial y amorosa). Y se dedica a descomponer sistemáticamente la retórica subyacente a estos tópicos tan queridos de la tradición cultural europea, para intentar poner de manifiesto su artificiosidad.

Para lograr tales objetivos, dos son los recursos formales preferidos por la directora: la composición visual y el humor (soterrado). Por una parte, Jessica Hausner construye la película a través de un reposado montaje de planos radicalmente hieráticos (apenas existen los movimientos de cámara) de personajes aislados o en grupo. Eludiendo por completo la técnica del plano/ contraplano para representar las numerosas conversaciones que puntúan la narración.

El estilo visual de la película se completa con una notoria estilización de los elementos contenidos en cada plano. Es evidente, en este sentido, la referencia a la pintura de la época (en la que la historia transcurre: comienzos del siglo XIX), y aun anterior (especialmente, a la gran pintura clasicista europea de los siglos XVII y XVIII), a la hora de organizar tanto la colocación de las figuras y de los decorados en la escena (y de encuadrarlos) como la iluminación de las mismas.

De este modo, la formalización audiovisual que la historia narrada adquiere con el empleo de un estilo tan característico permite desnudar la retórica empleada y mostrarla como lo que en verdad es: un modo de discursividad, plagado de tópicos, con una ideología subyacente harto cuestionable (elitista, ante todo), y que sólo convence a quien bien no reflexiona lo suficiente, o bien a quien está dispuesto a aceptar la ideología en cuestión. Así, lo romántico aparece en la película como lo que verdaderamente es, o puede llegar a ser: carente de encanto y de fascinación alguna, mero artefacto ideológico.

La persecución de esta obvia pretensión de la película, de desmitificar uno de los grandes mitos culturales de la cultura europea contemporánea, se refuerza, además, gracias al empleo de un humor socarrón, que no por sutil resulta menos evidente, para poner de manifiesto lo ridícula que puede llegar a resultar cualquier retórica engolada y elitista, cuando se muestra en su desnudez, despojada de cualquier fundamento (pretendido) de autoridad. Así, todo en esa persecución de la "muerte perfecta(mente romántica)", por parte del escritor y de sus accidentales compañeras de aventuras, se convierte en una sucesión de despropósitos, de errores y de confusiones, de fracasos y de malentendidos. No hay, pues, muerte heroica, tan sólo ridículo (y qué muerte, en verdad, no es ridícula) y palabrería que intenta ocultarlo.

Me pregunto, sin embargo, si esta vuelta de tuerca cómica en la narración resultaba, en realidad, necesaria. Si aporta algo significativo al relato (más allá de permitirnos sonreír ante tanta vacuidad engolada). Si no habría sido preferible tomarse en serio (lo que no significa hacerlo por su valor nominal, pretendido) la retórica del romanticismo, para analizarla más a fondo, en sus causas, efectos, contenidos y funciones, antes que limitarse a reírse de ella. Pues desnundarla, y denunciarla, era y es importante. Pero acaso lo hubiese sido mucho más entenderla. Y, en este sentido, una película como Amour fou manifiesta sus más hondas limitaciones.




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