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lunes, 12 de septiembre de 2016

Thomas Frank: Un "obrero multimillonario" contra una madona intachable


Reportaje aparecido en el nº 251 (septiembre 2016) de Le Monde Diplomatique en español, en el que Thomas Frank analiza crítica y lúcidamente los discursos desarrollados y transmitidos por el Partido Republicano y por el Partido Demócrata en sus respectivas convenciones para las elecciones presidenciales, dirigidos a sus votantes y a l@s indecis@s.

Lo verdaderamente interesante del reportaje es la manera en la que, adoptando una perspectiva de clase (trabajadora), Frank desnuda las falsas dicotomías que la información -simplista y manipulada- de los medios de comunicación convencionales establecen entre candidat@s, programas y partidos. Para poner de manifiesto cómo, en realidad, hay tres plataformas políticas distintas en competición actualmente dentro del sistema político norteamericano... y una más, posible, pero verdaderamente ausente.

Así, las plataformas políticas efectivamente presentes en el debate son en la actualidad tres:

- El tradicional discurso de la "guerra cultural", que pretende dividir a la sociedad norteamericana entre, de una parte, los "buenos norteamericanos" (varones, blancos, heterosexuales, patriotas, creyentes, etc.), junto con l@s sujet@s a su dependencia, y, de otra, el resto de la sociedad: minorías étnicas, sexuales, mujeres,...

- El discurso "populista" (que encarnaría, en estas elecciones, fundamentalmente Donald Trump), que pretende agrupar a todo el pueblo estadounidense y que marca como enemigos, en vez a conciudadan@s, a las élites locales y al extranjero.

- Y el discurso del Partido Demócrata (y de la parte más "moderada" del Partido Republicano), que reivindica la diversidad social, sí, pero una diversidad sometida a la dominación de las élites.

Este análisis viene a presentar de manera clara las diferentes opciones (no emancipatorias) a la hora de formular discursos políticos en los sistemas políticos democráticos: guerra-civilismo, nacionalismo o diversidad. O combinaciones -más o menos equilibradas- de los tres.

Todos ellos, sin embargo, tienen en común su elitismo: ninguno habla, en realidad, de política, sino únicamente de problemas "sociales"; justamente, porque ninguno pretende poner en cuestión quién debe tener el poder y el control de la riqueza.

Porque la cuestión, por supuesto, es que en este debate falta un discurso más posible: el discurso emancipatorio. Que, desde luego, tiene que ser más que un discurso, tiene que ser una auténtica praxis política (acompañada de discurso, claro, pero no sólo de él: también de redes sociales, de organización, de ética política, etc.).

Y es evidente que, mutatis mutandis, resulta sencillo trasladar -con inevitables matices- todo lo que viene sucediendo en Estados Unidos, y que este reportaje también cuenta, a otros estados demoliberales contemporáneos.


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