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jueves, 4 de agosto de 2016

Sobre frivolidad política en la izquierda occidental contemporánea: esbozo de una explicación materialista


Discutiendo con amig@s sobre los dimes y diretes que asuelan a las "confluencias", "convergencias", "coaliciones", partidos y el resto de los enigmáticos entes organizativos que pueblan la izquierda española, se me ocurrió pergeñar este comentario, incompleto, pero -según creo- con alguna enjundia:

Sí, la verdad es que todas estas cosas que le ocurren, una y otra vez, a nuestras izquierdas resultan entre intrigantes y desesperantes.

Mi teoría para explicarlo es la siguiente: que la derecha política tiene un vínculo mucho más estrecho y rígido con la derecha social que el que la izquierda política tiene con la izquierda social.

Me explico: la derecha política tiene que rendir cuentas constantemente a los grupos de poder (gran capital, iglesia católica, etc.) que la promueven y apoyan. En cambio, la izquierda política actual va por libre: está formada básicamente por gente "progresista", con buen nivel de estudios, cosmopolita, etc. Con escasos lazos (materiales, me refiero, no ideológicos o afectivos) con la gente (las clases populares, los pobres, los países del Sur, etc.) en nombre de la cual dice que lucha.

Esto, me parece, hace posible ser mucho más frívolo en tu actividad política: porque tú no vas a pagar el pato (salvo en términos de ego) de lo bien o mal que lo hagas; y porque aquell@s por quienes dices que estás luchando apenas tienen forma de pedirte cuentas... excepto no votarte, claro. Que es justamente lo que ya están haciendo: como es sabido, el voto de izquierdas es, en términos de clase y de nivel socioeducativo, de un nivel más elevado que el voto de derechas.

Para acabar de elaborar la explicación que reclamamos, falta, por supuesto, establecer por qué existe esa (comparativamente superior) distancia entre izquierda social e izquierda política. Y si puede ser corregida, mediante alguna estrategia intencional, o no tiene remedio alguno (a nuestro alcance).

Sea como sea, lo que sí que me parece difícil -por no decir imposible- es salir del círculo vicioso de frivolidad política si no cambian (o cambiamos) estas condiciones materiales de la acción política. Porque está visto que con la buena voluntad, aun con toda la buena voluntad del mundo, no es suficiente.

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