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jueves, 28 de abril de 2016

Sergio García García: Politicas de la confianza para el descontrol


En este artículo, aparecido en el 267 (31-3/ 13-4-2016) de Diagonal (y que por razones que no se me alcanzan no está aún disponible en su web), se suscita de manera tan sólo tentativa, pero suficientemente sugerente una cuestión que rara vez es abordada en sus propios términos y que, sin embargo, habría que empezar a plantearse.

Tod@s sabemos, en efecto, que hoy en día la política criminal (y, en general, de control social) hegemónica pasa por el ascenso de los objetivos securitarios y por su popularización, su entronque con miedos extendidos y corrientes de opinión (presentes, sobre todo, entre las clases más pobres) que tienden a justificarlos y a legitimarlos. A estas alturas, tenemos ya numerosos diagnósticos acerca de la dinámica sociopolítica propia del "populismo punitivo", así como críticas convincentes de sus contenidos y propuestas alternativas acerca de cómo encarar una estrategia de control social menos represiva y más sensible a las necesidades de las clases populares.

Pero de lo que, en cambio, aún carecemos es de una buena propuesta, políticamente viable, acerca de cómo hacer el trayecto del punitivismo dirigido y popularizado desde los poder sociales hacia dicha estrategia alternativa. Justamente, en este sentido, las reflexiones de Sergio García García en este artículo apuntan -siquiera sea de manera incipiente- un camino para elaborar tal propuesta: el de la reconstrucción (necesariamente transformada) de los vínculos sociales y comunitarios. Vínculos cuyo deterioro (más bien: transformación, en un sentido, ambiguo, al tiempo liberador -de las formas de dominación más tradicionales- y opresor -con nuevas formas de ejercicio de poder sobre el individuo desvinculado) estaría, en buena medida, en la base de la posibilidad de popularizar el punitivismo.

En efecto: sólo quebrando las bases sociales del punitivismo (del miedo al otro, de la traducción de las tensiones sociales en represión estatal, con respaldo popular) será posible arrumbarlo. Cualquier otra vía que se pueda imaginar, pero que prescinda de la dinámica sociopolítica y sociocultural, está abocada a convertirse en vía muerta. Así pues, bienvenida la reflexión (necesitada, desde luego, de ulterior desarrollo).


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