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martes, 30 de diciembre de 2014

Kis uykusu (=Sueño de invierno) (Nuri Bilge Ceylan, 2014)


Nuri Bilge Ceylan vuelve a deleitarnos, con otra de sus morosas exploraciones acerca de las miserias y contradicciones del espíritu humano. En Kis uykusu, sin embargo, se aprecia, para bien, la incidencia que en la trama (y, muy especialmente, en la configuración de los personajes) ha tenido la obra narrativa de Anton Chejov (el director reconoce explícitamente haberse inspirado libremente en situaciones y personajes de algunos de sus cuentos), que ha contribuido a que la ambigüedad moral, la ambivalencia de la historia, se vean acentuadas... y, con ello, también su significación (y su relevancia).

En efecto, Kis uykusu posee, según creo, dos ejes narrativos diferentes (y complementarios). Por una parte, en tanto que historia (en su diégesis, pues), nos muestra a un personaje moral y psíquicamente ambiguo, contradictorio y ansioso, que progresivamente se revela como un dominador, aferrado a su voluntad egoísta y a las fuentes de su poder. Por otra, en tanto que narración (en tanto que mensaje dirigido al/a espectador(a)), nos muestra la manera en que una narración puede -y debe- ir desvelando, progresivamente y mediante sucesivos actos narrativos (sin ninguna pretensión, pues, de omnisciencia, ni de satisfacer por principio la pulsión escópica, o la epistémica, del/a espectador(a)), la personalidad de los personajes y las situaciones en las que se hallan envueltos.

Podríamos decir, por lo tanto, que Kis uykusu constituye al tiempo un ensayo sobre el poder y sus miserias; y otro sobre la forma de narrar, de revelar (a un personaje, a unas situaciones).

Por lo que hace a esto último, la película recurre principalmente a una retórica de la lentitud (y de la ausencia de explicitud): las situaciones se desarrollan desde el punto de vista dramático de manera lenta, la cámara contempla (en planos compuestos y montados de manera muy clásica, convencional -en términos comparativos, con las anteriores películas del director) a sus taciturnos y enigmáticos personajes actuar, hablar (sin decir mucho)... hasta que la situación dramática se tensa, y estalla, y se pone de manifiesto en todas sus dimensiones.

De este modo, la relación con Chejov no se limita únicamente a la trama, sino que elementos habituales en la retórica de sus cuentos se ven plasmados también en la película: un tratamiento ambiguo e irónico de personajes y de situaciones, que solamente al final se revela en todo su auténtico significado.

...Lo que sucede, claro, es que lo que en Chejov ocurre a veces en apenas cuatro páginas, en la película de Bilge Ceylan se convierte en una prolongada espera por la (esperada) revelación: de quién es en verdad Aydin (Haluk Bilginer), el personaje protagonista, y cuál es su relación con el resto de los personajes, con su biografía, con sus anhelos y con sus defectos y limitaciones.

¿Una historia sobre el ejercicio del poder a través de medios sutiles, apenas violentos, sobre los mecanismos de la dominación, y sus hipocresías? Sin duda. Pero, también, indudablemente, una narración sobre la necesaria ambigüedad y ambivalencia, pero también potencia, del mecanismo narrativo (cuando se administra tan sabiamente como el director turco -y, de modo tan distintto, aunque no tanto, Anton Chejov), para revelarnos los estratos más escondidos, y/o difíciles de aprehender (con nuestras categorías, ideológicamente conformadas), de la realidad social.




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