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viernes, 30 de octubre de 2009

The hound of the Baskervilles (Terence Fisher, 1959): Hammer, 1/ Conan Doyle, 0


Lo confieso: al menos desde la adolescencia, soy un gran admirador de la novela de Arthur Conan Doyle en la que se basa esta película. La combinación de misterio detectivesco, fantasía y ambientación goticista, las andanzas en solitario de Watson por el páramo y su correspondencia con Holmes, las ambiguas relaciones establecidas entre los vecinos de Dartmoor y la red de pasiones que subyacen a toda la trama, todo ello hace que, en mi opinión, estemos ante la pieza más completa de toda la colección de historias de Sherlock Holmes. Tal vez haya otras -algunas de sus historias cortas- más impactantes, en términos puramente genéricos (de narrativa criminal), pero dudo de que, como narración integral, la haya mejor.

Por eso, a la vista de una versión de la novela a manos de Hammer Film Productions, no podía sino desconfiar acerca de su potencial fidelidad al texto literario. Y, en efecto, desconfiaba con razón: como adaptación de la obra de Doyle, la película de Terence Fisher resulta decepcionante. No tanto porque suprima partes significativas de la misma o altere ciertos detalles. Sobre todo, más bien, porque -según mi opinión- esta producción es incapaz de reproducir (ni en el diseño de producción, ni en la iluminación, ni en la fotografía, ni en las interpretaciones) su sutil ambientación, a caballo entre lo gótico -à la manière anglaise- y lo victoriano; entre la represión, pues, y la desaforada pasión. Hay demasiada prisa, en la película, por mostrarnos la anécdota (vigorizada por las interpretaciones energéticas de Cushing, Morell, Lee y los demás actores y actrices protagonistas) y demasiado poca morosidad -que, aquí, resultaba necesaria- en la exposición del ambiente social y del clima moral (y hasta "metafísico"), en el que Doyle se recrea.

¿Qué tenemos, entonces? Tenemos una prototípica película de la Hammer, dirigida con su vigor habitual por Terence Fisher. Un diseño de producción que se concentra principalmente en el horror (no es casualidad que la secuencia inicial -que narra el origen de la leyenda del sabueso infernal- sea una de las más brillantes). Una interpretación sobresaliente -como siempre- de Peter Cushing, en el papel de Holmes, bien secundado por el resto del reparto. Y una disquisición (otra más de Fisher) en torno al deseo y a sus peligros.




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